Cuando pellizqué el cielo engalanada de Blanco
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| Lo blanco de mi vestido pinto de negro mis emociones |
Recuerdo ese día como hoy, era uno de esos que solo la dicha podía pronunciar felicidades, inventé mi aspiración de mujer con solo el deseo de ser feliz, elegí mis mejores atuendos, corregí errores que quizás nunca cometí y penetré a ese escenario de rezos y bendiciones porque ya había decidido entregar mi mayor raudal “mi virginidad” .
El día pasaba y aumentaba mas mi necesidad de una entrega casi incierta logrando recuperar mi dignidad de mujer, invalidada por un ser que no supo contrarrestar mis emociones. Lo ame porque negarlo, más que a mí misma y por un desliz mis intenciones de seguir fueron profanadas por el odio y la cruel presencia de un miembro sin luz.
Agobiada y a la vez feliz por ese encuentro final me refugie solo en la alegría de verlo sonreír y escuchar de el todo ese amor que sentía “para toda la vida”. Llegada la tarde me vía caminar por el altar esperando con gran entusiasmo a ese príncipe azul que sería no el de los cuentos de hadas, pero si el que con certeza me había elegido. Cuido de mi, pero su amor no fue tanto que no pudo negociar con su ser para impartir con maestría la esencia misma del amor y procrear con aquel liquido de la sin razón la más bella de las experiencias encarnadas en las seducciones; pero repleto momento de pasión.
Ame pero que cruel fue cuando apoyados en un sentimiento doble santificamos nuestro amor y pusimos a rodar la cruz del pecado aun sabiendo que seria para siempre. Casi fui al cielo porque solo la idea de saber que un día seria suya podía perderme en las recónditas esclavitudes del ser. Nunca dude solo renuncie al ver que su deseo de ser feliz se quedaba solo en la palabra de un promesa incumplida “contigo hasta la muerte, en la salud y en la enfermedad”, "siempre borracho de confusiones". Que tonta fui creí que esa noche la más mágica de todas, mi cuerpo seria concebido con el más enorme placer de un gemido acorralado y exasperado de sus caricias. Pensé que esa gran noche la lluvia advertía mis sueños y creencias. Ante ti amor inmaturo fui yo y ante todos fuiste el ladrón que robo mis sentimientos y encadenó esa angustia apresurada de ser solo tuya.
Toque el cielo pero segundos después carajo me caí…

El negro de tus emociones, lleno de luz mi existencia.
ResponderEliminarIgual recuerdo aquella tarde: Unos pasos pesados, lentos y obligados. Su cuerpo cortaba la brisa al pasar, asecinandole en cada movimiento, cuchilladas lentas y certeras, lagrimas que saltaban suicidas del balcón de sus ojos vestidos por la fatalidad que agrisaba su mirada y amortajaba su sonrisa. Sus pies, guiaban sus piernas a la rutina que le excluía de ese abismo del cual salía de 8 a 5... ahí estaba, como cada tarde, sin conocerle, sin esperarle, sin ver su rostro y sin saber su nombre. Ese aroma que invitaba a volar: ¨ Tiempo de volar ¨ pero sus alas estaban heridas y temía amar. Le quise cuidar, le quise bien amar.
ResponderEliminarGracias siempre estaras..
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