Ayer me levante con el silencio absurdo de una discusión, mediando en cada palabra la noble intención de tu llegada, convencida de que así será y vendrás para amarme con una sola razón la estadía de un amor que nunca se fue.
Hoy veo atrás el pasado ensordecedor del desafío, donde las lagrimas conjugadas en un canto desafinado con la nota de sol mayor llena de manto y dolor. Pronuncie tu mote unas y tantas veces en la búsqueda inequívoca de ese abrazo dilatado.
Ansío esa llamada junto con esa sonrisa que marcara el inicio a una nueva vida y que se enseñoreará como el águila rapaz que toma en su pico la sabia sorpresa de una presa desnuda.
Recorro mi cuerpo en un atinado logro, tras observar que solo tú puedes perfilar en mi el deseo de amar. No te busco, te encuentro siempre en mis lágrimas, en mi desconsuelo y en la trágica nota de un adiós sin límites.
No te quiero solo te espero cuando la luz que tanto te pedí llene de magia mis adentros a la llegada sin avisar de tus besos. Abandone mis ganas que solo saben a ti y apodere con autoridad la ligera sospecha de un amor nublado de condiciones pero respondiendo a una sola razón “nosotros”.
Te reitero si no vas a llegar déjame saber la razón y mas sin no estarás comunícame por favor con mudo silencio cual será el puñal que traspasara mi corazón saboreando la piedad y esa soledad amarga de un final feliz.
¿Amor, que dices te espero?
